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La experiencia de un psicólogo dominicano en Francia que busca transformar la atención a los mayores en su país

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La experiencia de un psicólogo dominicano en Francia que busca transformar la atención a los mayores en su país
José Manuel Morel, psicólogo clínico dominicano. (Fuente externa)

RZ NOTICIAS, PARIS, FRANCIA.- En Francia, los EHPAD son residencias geriátricas especializadas para personas mayores en situación de dependencia. El término corresponde a Établissement d’Hébergement pour Personnes Âgées Dépendantes, establecimientos destinados a acoger y brindar atención y cuidados a personas mayores que han perdido parte de su autonomía.

En uno de estos centros trabaja José Manuel Morel, psicólogo clínico dominicano, acompañando a residentes y equipos profesionales. Su trabajo le ha permitido comprender que envejecer no significa únicamente perder capacidades físicas: también cambian las emociones, las conductas y la manera en que la persona se relaciona con su entorno.

Esa experiencia le ha llevado a mirar hacia República Dominicana con una pregunta concreta: ¿cómo se prepara el país para atender a una población que envejece y necesitará cada vez más servicios de cuidado?

Una solidaridad que merece respaldo

Morel reconoce especialmente la labor que durante años han realizado las congregaciones religiosas en el cuidado de las personas mayores. Muchas religiosas han sostenido centros, acompañado a envejecientes y respondido a necesidades que, en numerosos casos, han sido atendidas gracias a su vocación de servicio y al apoyo de donaciones.

Según Morel, muchos de estos centros, particularmente los administrados por congregaciones religiosas, dependen en buena medida de esos aportes solidarios para mantenerse.

Para el psicólogo, ese gesto de solidaridad no debe ser sustituido, sino respaldado y fortalecido por políticas públicas. La labor de las religiosas constituye una contribución social valiosa que merece contar con un Estado capaz de garantizar recursos estables, planificación y condiciones adecuadas de atención.

La propuesta, por tanto, no plantea una oposición entre el trabajo de las congregaciones y la responsabilidad estatal. Busca que esa labor pueda desarrollarse con mayor seguridad y sostenibilidad mediante leyes, presupuestos públicos y una planificación acorde con las necesidades de la población.

Tres acciones para República Dominicana

1. Fondos públicos específicos

Morel propone crear fondos públicos destinados específicamente a los centros que atienden a personas mayores, incluidos aquellos administrados por congregaciones religiosas, asociaciones o particulares.

El financiamiento debería responder a criterios claros y cubrir necesidades como alimentación, higiene, protección, personal especializado y atención psicológica, de manera que los servicios esenciales no dependan exclusivamente de donaciones.

2. Centros planificados según la población

La segunda propuesta parte de una experiencia que Morel observa en Francia: la planificación territorial de los servicios.

El Estado, plantea, debería determinar cuántos centros necesita cada territorio de acuerdo con su cantidad de habitantes y, especialmente, con su población envejeciente, así como la capacidad de atención requerida.

La intención es avanzar hacia una red organizada de servicios que responda a las necesidades reales de cada zona y permita anticipar el crecimiento de la población mayor.

3. Conocimiento y acceso a recursos

La tercera acción consiste en fortalecer la formación y facilitar que los centros conozcan y accedan a los recursos públicos disponibles.

Morel considera que profesionales dominicanos con experiencia internacional pueden aportar conocimientos en psicología clínica, conducta durante la vejez, deterioro cognitivo y acompañamiento especializado.

También propone orientar a las instituciones sobre las ayudas existentes y los mecanismos para acceder a ellas.

Un llamado a los legisladores

La dimensión del desafío también puede medirse en cifras. Según el Censo Nacional de Población y Vivienda 2022, 1,424,735 personas tenían 60 años o más en República Dominicana, el equivalente al 13.2 % de la población. La tendencia apunta a un envejecimiento cada vez mayor: CONAPE estima que actualmente alrededor del 9 % de la población tiene 65 años o más y advierte que esa proporción podría acercarse al 17 % en los próximos 25 años.

Para Morel, estas cifras deberían llevar a los legisladores a mirar el envejecimiento como una prioridad de planificación nacional y no como una necesidad que pueda resolverse únicamente cuando una persona llega a una situación de dependencia.

La discusión debe anticiparse con leyes, presupuestos y una planificación territorial que determine dónde hacen falta centros, qué capacidad deben tener y qué profesionales necesitan.

“El tiempo pasa a una velocidad impresionante”

“Disfruta y vive tu vida”.

José Manuel Morel ha escuchado esta frase, con distintas palabras, de muchas de las personas mayores a las que acompaña. Hablan del tiempo, de lo rápido que pasa y de esos años que, cuando uno mira hacia atrás, parecen haber transcurrido en un instante.

En un EHPAD, esa certeza se vuelve cotidiana. Algunos residentes mueren, el equipo los despide y la vida continúa para quienes permanecen.

Pero algo queda en quienes escuchan.

Porque envejecer no es solamente perder capacidades. También es mirar hacia atrás y comprender el valor de lo vivido: una conversación, una visita, el simple hecho de sentirse acompañado.

Detrás de cada cifra sobre el envejecimiento hay una vida entera: alguien que alguna vez fue joven, que tuvo sueños, amores, pérdidas y esperanzas. Alguien que todavía merece dignidad, cuidado y compañía.

Tal vez por eso, cuando una persona mayor nos dice “disfruta y vive tu vida”, también nos está hablando a nosotros. Nos recuerda que el envejecimiento no pertenece a los demás. Es el camino que, con la fortuna de vivir lo suficiente, todos tendremos que recorrer.

Y entonces la pregunta cambia. Ya no se trata solamente de cuántos años vamos a vivir, sino de cómo queremos vivirlos. También se trata de qué sociedad queremos construir para quienes hoy envejecen y para quienes, mañana, ocuparemos su lugar.

Porque cuidar a los mayores no es solo atender una etapa de la vida. Es, de alguna manera, cuidar el futuro que algún día será nuestro.

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